viernes, 27 de julio de 2012

Samuel Fuller y el periodismo


Por Raúl Ortiz - Mory

Samuel Fuller figura entre los grandes directores de la historia del cine que también ha rendido homenaje al periodismo. A los 17 años, fue reportero de la página policial del diario New York Graphic, una sección de iniciación y culto para la mayoría de hombres de prensa. Parte de esa experiencia sirvió para incubar el germen que, 23 años después, daría vida a Park Row. A continuación, una crítica a esta película con motivo de los 100 años del nacimiento del cineasta americano.

Esta cinta es un homenaje a los albores del periodismo americano contextualizado a fines de la segunda mitad del siglo XIX. El reconocimiento a Horace Greeley, director de The New York Tribune – el diario más importante de los Estados Unidos de aquel tiempo –, y a la figura de Benjamin Franklin, como paladines de la libertad de expresión y la práctica del periodismo serio, es más que notoria.

Más allá de la mirada romántica que desliza en sus 83 minutos de proyección, Park Row (1952) es una película que tiene un alto valor cinematográfico a nivel narrativo. Fuller, un experto contador de historias, se da maña para partir de una historia central – la fundación de un diario a cargo de un periodista que sueña con que su medio sirva a la sociedad – que va desarrollando múltiples conflictos secundarios.

En Park Row también hay una historia de amor, un sutil mensaje político de la relación entre los Estados Unidos y Francia, una exposición sobre la soledad del hombre idealista, las relaciones humanas a través de la lealtad y la traición, es decir, diversos discursos que se sirven del pretexto periodístico para mostrar una época y el inicio de la transformación de una sociedad moderna.

Otra de las fortalezas, respecto al trabajo narrativo del director, tiene que ver con los planos secuencias que realizó Fuller. Al inicio de la película, la cámara sigue al protagonista sin dejar de marcar detalles de la vía donde transcurrirá la acción de casi toda la cinta. La ubicuidad y la constante reafirmación de la importancia de la calle donde se producen los periódicos es un tema aparte para Fuller, que la recorre cual mirador omnisciente.

Las largas escenas que filma el realizador en las locaciones del bar y del periódico The Globe donde se ‘cocinan’ las portadas,  están respaldadas por buenos diálogos donde el registro interpretativo de los protagonistas, Gene Evans y Mary Welch, se distingue por la fuerza y el carácter de los actores. Un guión a la altura de la dirección y la producción; en los tres casos obras de Fuller.

La ambientación y la adaptación de la época es otro de los puntales de la película. El vestuario, los medios de transporte, la figura del linotipo como símbolo de la imprenta, las fachadas de toda la calle Park Row y los oficios de las personas, guardan una fidelidad absoluta casi 80 años después. Fuller es un delineador del tiempo. Grafica al hombre del siglo XIX y lo muestra enfrentando los desafíos de su época: la automatización de los procesos industriales y el riesgo de suplantar la mano de obra.

Park Row es una estampa del periodismo idealista despojada de estímulos monetarios que se incrusta en un ambiente bohemio. Es una cinta que tiene buenos momentos de humor y chispazos de dramatismo, que explota travellings, picados y claroscuros, pero que en esencia es un homenaje a las figuras de Greeley, Bennett, Bryant, Dana, Pulitzer, Hearst y Scripps, pioneros de la prensa americana.

Este artículo se publicó originalmente en la revista de cine Godard! edición 31.

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