Por Raúl Ortiz - Mory
La cinta de Tate Taylor es un buen retrato de los Estados Unidos donde el protagonista central es el propio estado de Misisipi. Un lugar lejano al modernismo y las ideas de vanguardia que ya engendraban metrópolis como Nueva York o Los Angeles. Se trata de un territorio situado en las venas de la América más sureña, a inicios de 1960, donde el racismo y el conservadurismo a ultranza dictaban que los blancos y los negros no podían sentarse en una misma mesa, ni compartir un baño, ni charlar de temas que fueran netamente domésticos.