Por Raúl Ortiz
– Mory
Está pero prefiere no ser visto o, en el peor de los casos, pasar
desapercibido. La observación es su vocación. Y la escritura su tortura. Cuando
tiene que entrevistar deja hablar a su interlocutor, mientras mide sus
movimientos, estudia sus gestos y analiza sus reacciones. A veces no le importa
lo que diga, más trascendente es cómo lo dice. Daniel Titinger es un cronista
con propensión al fisgoneo crónico.
