Por Raúl Ortiz - Mory
En la mayoría de casos, la industria cinematográfica narra las historias de inmigrantes desde una óptica de sufrimiento y desamparo. No es raro que sea así. Las condiciones en que viven las personas que dejan sus países natales, por un futuro mejor, casi siempre son adversas, y, tanto directores como guionistas, prefieren darle una carga dramática que procure llevar a la reflexión.
Amador, del realizador español Fernando León de Aranoa aborda el tema de los inmigrantes desde una óptica híbrida y convincente: combina el drama con la comedia demostrando que ambos géneros pueden convivir en gracia cuando uno de ellos no pretende ensombrecer al otro. Sin duda, el equilibrio de géneros es una de las claves para que la película del ibérico sea un producto de calidad.
