Por Raúl Ortiz – Mory
Un año de
estadía en África, durante su etapa adolescente, marcó el destino de Jon Lee Anderson.
Desde entonces, el periodista de The New Yorker ha regresado con expectativa, y
vuelto a partir con nostalgia, al reconocer que el continente más convulsionado
del planeta no volverá a ser el mismo donde correteó cuando fue un mozuelo.
Lejanos son los tiempos del chico que miraba cómo las múltiples postales compuestas
por elefantes y rinocerontes, que corrían por la sabana, adornaban el horizonte
multicolor. Eran los mismos años en que las etnias originarias se dirigían de
forma reflexiva a los blancos y no los veían como un botín de guerra o como moneda
de cambio para liberarlos de secuestros.
