viernes, 6 de julio de 2012

Pájaros caídos



Por Raúl Ortiz - Mory

La Orquesta del Titanic (LODT), el disco a cuatro manos realizado por Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, es una de las peores colaboraciones hechas entre dos figuras mayores del canto en lengua castellana. La unión de los dos cantautores españoles había llenado de expectativa al público y a la crítica, eran muy pocas las voces que dudaban de un gran resultado debido a los pergaminos de ambos artistas. No obstante, ni los antecedentes ni los nombres ilustres salvan esta placa, aunque haya ganado discos de oro.


LODT es pretencioso en el plano musical y predecible en el contenido de sus letras. El alma canalla de Sabina asoma aplastada por una orquestación de instrumentos que, a ratos, suena más a big band, donde la voz del andaluz se pierde sin remedio. La cadencia de Serrat también naufraga, cual Titanic, y sólo sale a flote cuando empieza a entonar alguna pieza lenta. Da la impresión que mientras la música corre los 100 metros planos, los cantantes están batallando en un maratón.

El productor del disco, Javier Limón, hace un gran esfuerzo por armar un ambiente propicio que muestre a Sabina y a Serrat como figuras renovadas, quizá frescas. Pero fracasa. Nada que ver con uno de sus anteriores trabajos: ‘Tinta Roja’ de Andrés Calamaro, donde el ambiente remozado que creó sí contrastaba adecuadamente con el aire vetusto del tango arrabalero.

En buena parte de LODT se recrea un mundo sui generis donde Sabina y Serrat suenan descolocados, desnaturalizados. Si la intención de Limón fue reinventarlos musicalmente, la propuesta se cae de madura porque en lugar de juntar las huellas de ambos para identificar algo genuino pero de sello, termina por crear un híbrido que juega a bala perdida.

Eso en buena parte, porque hay dos canciones que sí tienen el ADN musical de Sabina. El primero,  ‘Después de los despueses’ una reformulación de ‘19 días y 500 noches’ del disco que lleva el mismo nombre. El otro tema es Dolent de mena (Malo por naturaleza), único corte entonado en catalán, marcado por ‘Dos horas después’ del disco ‘Alivio de luto’, con una evidente influencia de Leonard Cohen, admirado por el español. Quizá estos sean los temas más rescatables de los 11 que componen LODT.

Mejor resultó la colaboración entre Fito Páez y Sabina en 1998 con ‘Enemigos íntimos’. El rosarino puso la música y el andaluz las letras aunque el proceso de grabación para esa ocasión, a criterio de Sabina, fue tortuoso por el perfeccionismo del argentino. Sin embargo, el resultado final es pulcro y sin reparos. En cambio LODT es un disco donde dos amigos juguetean, no ponen rigurosidad, escriben sin norte y dejan que la nave vuele con piloto automático.

No se ve mucho la mano de Serrat en las letras. Parece que el calatán ha sido muy complaciente con Sabina y lo ha ‘dejado ser’. Ello ha generado que LODT tenga muchas palabras y frases reconocibles del cancionero sabinero, pero sin un sentido evolutivo, sino en una orientación repetitiva ¡Cómo se extraña al flaco de ‘Física y química’, ‘Esta boca es mía’ ‘Yo, mi, me, contigo’ y ’19 días y 500 noches’¡

Al menos queda la esperanza que la segunda parte de la gira latinoamericana que promociona a LODT, llamada ‘Dos pájaros contraatacan’, brinde un espectáculo de alto nivel – como lo fue ‘Dos pájaros de un tiro’ – y  no se llegue a cantar todo el disco completo. Mejor sonaban las letras de Serrat en boca de Sabina y viceversa. 

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