| Foto: Dieter Castañeda |
Por Raúl Ortiz - Mory
El contraste que encierra Jeannette Paillán es atractivo: lleva una trapelacucha, adorno pectoral tradicional que utilizan las mujeres mapuches, algo parecido al accesorio de una princesa nativa, y una tablet de última generación que manipula con entusiasmo desmedido y por la que desliza sus dedos con armonía. Lo ancestral en conjunción con lo modernidad. La inevitable conexión de la comunidad al ciberespacio en tiempos de la globalización más salvaje. Paillán siempre sonríe, hasta cuando enfila su artillería contra los medios que, como dice ella, muestran de manera errónea la realidad indígena seducidos por extraños intereses.
El contraste que encierra Jeannette Paillán es atractivo: lleva una trapelacucha, adorno pectoral tradicional que utilizan las mujeres mapuches, algo parecido al accesorio de una princesa nativa, y una tablet de última generación que manipula con entusiasmo desmedido y por la que desliza sus dedos con armonía. Lo ancestral en conjunción con lo modernidad. La inevitable conexión de la comunidad al ciberespacio en tiempos de la globalización más salvaje. Paillán siempre sonríe, hasta cuando enfila su artillería contra los medios que, como dice ella, muestran de manera errónea la realidad indígena seducidos por extraños intereses.