miércoles, 4 de abril de 2012

Al volante de un buen noir

 
Por Raúl Ortiz - Mory
‘Drive’, del realizador danés Nicolas Winding Refn, no es una película de acción, tampoco califica como romántica, mucho menos encajaría en el drama. Sin embargo, es todo ello a la vez. Es un cúmulo de géneros que unidos forman una gran pieza del cine negro moderno, un thriller de vanguardia. Quizá el vuelo melancólico y los silencios estáticos de algunas escenas sean lo único que no se asemeja a los filmes que hicieron míticos a Humphrey Bogart o Edward G. Robinson. En líneas generales, el filme de Refn es uno de los mejores que se vieron en el 2011.
‘Drive´ es una historia de ideales contradictorios, del ser humano que tiene los valores retorcidos, del hombre que actúa como un caballero medieval: aquel que defiende a su rey a punta de sangre. Ryan Gosling encarna a un muchacho solitario que trabaja como mecánico y conductor de autos para películas de acción, pero que, generalmente, por las noches – haciendo gala de su habilidad frente al volante – es el chofer de delincuentes a mano armada. 
El mundo del conductor se trastoca cuando conoce a su vecina (Carey Mulligan) – una mujer con un pequeño hijo y un marido en la cárcel – de la que se enamora perdidamente. Al retornar a casa, el ex convicto tendrá que saldar a la fuerza una cuenta carcelaria que pondrá en riesgo a su familia. Con la intención de proteger a la mujer que ama y a su niño, el conductor ayuda al recién liberado. No obstante, los planes no funcionan y el protagonista se ve envuelto en una historia de mafiosos, traiciones y asesinatos.
En la historia del cine noir muchos son los personajes protagónicos que han mostrado características psicológicas contradictorias llegando a patentar un perfil que conecta de manera instantánea con el público. Sean canallas generosos, pendencieros incondicionales o hidalgos vividores, siempre el sentido de la honorabilidad ha permanecido unido a estados violentos o delictivos en la piel de un mismo personaje, formando el comúnmente llamado antihéroe: un marginal que sólo cree en su propia ley; quizá el ansiado alter ego de todo hombre que busca responder con actos de supuesta libertad a la sociedad que lo oprime, aunque deba saltarse las normas.
El conductor (y lo denomino así porque no tiene nombre en la cinta) es todo lo anterior: un hombre tierno y protector al que cuando se le toca la fibra del riesgo  se convierte en un homicida sanguinario. Refn presenta la violencia de un modo explícito pero sublimado. La música, la iluminación y los tiros de cámara aparecen como elementos complementarios que ayudan para que la sangre no cause repulsión. Por ratos, el director sumerge a sus personajes en una laguna de evocaciones sin explicar la naturaleza de las mismas y de pronto los pone en situaciones límites que hacen aflorar sus más perversos instintos.
Gosling actúa con poca expresividad y ello no va en detrimento de la película. Al contrario, define a un calculador temerario que a veces muestra una falsa ingenuidad. Su registro es bueno y está en sintonía con el de Mulligan: las miradas durante los silencios y esa complicidad ambigua cuando comparten espacio con el marido está bien llevada. Mérito de Refn. El mejor momento de Gosling – en los dos últimos años ha intervenido en cintas como All Good Things, Blue Valentine, Crazy, Stupid, Love, The Ides of March – coincide con un punto alto en la carrera de la actriz inglesa – un ejemplo es Shame. 
Si alguien esperaba de ‘Drive’ una película de acción, por el nombre y la promoción que se le dio, se irá de bruces. Las persecuciones automovilísticas no tienen nada que ver con Fast & Furious. Lo que sí queda claro es que este thriller, basado en la novela homónima de James Sallis y rodado íntegramente en Los Ángeles, merece un lugar de privilegio en las listas de las mejores películas del 2011. Ah, Nicolas Winding Refn ganó con este filme el premio al mejor director en el Festival de Cannes. Casi nada.

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