viernes, 21 de octubre de 2011

El inconforme Bonilla

Foto: Dieter Castañeda

Por Raúl Ortiz - Mory

A simple vista, Juan Bonilla no es un tipo del que debamos tener mayor cuidado. Parece convencional y hasta tiene cara de buena gente. Pero, una vez iniciada la conversación, y conforme fluye la misma, un tipo socarrón, agudo y, hasta cierto punto cruel, se desata en comentarios que arrancan risas. Es un inconforme que no reniega de las cosas, solo les busca una solución lúdica.


La cita para entrevistarlo por la presentación de su libro ‘Tanta gente sola’ (Revuelta Editores, 2011), se selló por correo electrónico un día después de haberse arruinado el archivo digital donde se suponía estaba el audio de la entrevista original. Una segunda entrevista –dos días después de la primera- a una misma persona, es como querer retomar una relación sentimental en un lapso muy corto: conoces tanto a la otra persona que ya es difícil sorprenderla. En el caso de la entrevista, no se pueden hacer las mismas preguntas: no llevamos un botón rojo que diga on, pegado a la espalda. En el correo el escritor español decía que podía hacerme un tiempo, yo debía acomodarme a su itinerario: 10 a.m., entrevista en RPP; 11 a.m., de compras por las librerías de viejo de Quilca; 3 p.m. su vuelo salía de Lima y en unas horas llegaría a Londres. También había otra opción: mandar las preguntas a su correo. Imposible, pensé. Nos encontramos en el bar Queirolo del centro, entre Camaná y Quilca. Bonilla llegó con un atado de libros recién adquiridos con una actitud de pequeño explorador que acababa de encontrar El Dorado. No era para menos. Entre las piezas halladas estaba una primera edición de Rafael Alberti. Inevitable el comentario de que Quilca cada día sucumbe, progresivamente, a la piratería y eso es algo de lo que todo el mundo habla, ya no solo se venden libros viejos o rebajados. La lacra se está instalando y esto, hasta cierto punto, fastidia a lectores y escritores. Era mediodía y pedimos dos cafés. El tema de las copias ilegales fue el punto de inicio de una conversación, ya no entrevista, que se prolongó casi una hora, gracias a su generosidad. Aquí algunos pasajes de la misma.


Es innegable que a través de la piratería los autores obtienen más lectores. ¿No te gustaría que tus libros lleguen a más gente?
A mí no me interesa masificarme. Habrá que preguntarme si quiero ser masificado. No me interesa tener 300 mil lectores, ni cosechar fans, ni mucho menos. 

¿Crees que la piratería hace un favor flaco a los escritores?
Es una putada. Para un escritor español es muy raro entender el tema de la piratería de libros. En España estamos acostumbrados a verla como un acto ligado a los géneros masivos, como la música o el cine. Es cierto que genera que los lectores aumenten, debido a que los libros son muy caros. Pero también es curioso que esa misma gente que compra piratería, porque afirma que los libros son caros, no tenga problema en gastar su dinero comprando ron. Siempre se ahorra por el lado de la cultura con la idea de que debe ser gratuita y estar cerca del pueblo. La idea me parece genial, pero así como quieren que la cultura esté cerca del pueblo, también el ron debería estarlo (risas), así como con el café, la comida, y todo estupendo.

Si se piratean mis libros y se hace comercio con estos, significa que alguien se está llevando el dinero de otra persona sin haber hecho nada. Es decir, aprovechando el esfuerzo y la inversión de otros. Que no me vengan con el argumentito de que es la única manera para que la gente pueda leer libros que de otra manera no podrían. Lo que debemos hacer es protestar y que el Estado compre más libros para que la gente vaya a las bibliotecas, a los institutos y a las universidades y encuentren más y mejores libros. Quizá ensayar otras fórmulas, antes que no hacer nada frente a este latrocinio directo que es la piratería.

Pero es innegable que los libros son caros    
En Perú, los libros importados son caros. Ese es un problema que debe tener otro tipo de solución. La salida no puede ser que si un autor tiene lectores en un país que no es el suyo, este no reciba un solo sol por su obra; y sí lo reciba alguien que tiene una maquinita copiadora. A veces no entiendo del todo este problema porque en un mundo tan tecnologizado como en el que vivimos, a Anagrama no le costaría nada imprimir los libros aquí y ponerle precio de aquí. Si mi libro Tanta gente sola, de Seix Barral, no se ha publicado en Lima y lo quisieran importar de España para que cueste 100 soles, me niego a eso. Prefiero publicarlo con una editorial peruana, como se ha hecho. Las editoriales deben estar en los países donde se produce literatura y dejar de encarecer tanto los libros. Al final solo generan, por un lado, una especie de élite a la que no le importa dar 100 soles por comprarse un libro de Mario Bellatín, que tiene 95 páginas; y, por otro lado, ayudan a que el gran cáncer de la piratería, al que nos estamos acostumbrando, siga creciendo.

Tus libros son difíciles de conseguir. ¿Te interesaría que en el Perú reediten tus primeros textos?
Estaría encantado de que se publiquen aquí, pero por editoriales peruanas, como si fuera un autor de aquí; aunque no todos mis libros, porque algunos no me gustan.

Estás contradiciendo aquello de ser un escritor de masas, uno que llega a más gente.
Creo que soy un escritor, si bien no con una ambición de ser minoritario, que puede tener una colonia de lectores. De alguna forma, el trabajo de los editores es encontrar esa colonia. Puede que en España no venda 100 mil ejemplares, pero si tengo 500 lectores en Perú, otros 500 en Ecuador, 500 en Italia y así en diferentes sitios, entonces eso le da cierto sentido a un tipo de literatura cuando el mundo se ha globalizado. Por ejemplo, en España hay escritores que son best seller y que hasta los que no leen los conocen. Esa figura nacional de escritor no me interesa. Me interesan los escritores a los que no les miro el pasaporte. 

Alguna vez has dicho que eres muy autocrítico y que no volverías a publicar algunos de tus libros. ¿Cómo mides tu obra? ¿En algún momento te preguntas si has escrito bien o si lo estás haciendo bien?
Cuando relees algo que escribiste hace 10 años y lo haces como si el que lo hubiera escrito no fueses tú, siempre brota una sensación de “lo hice bien”.

¿Ese intervalo es largo? Es decir, ¿haces autocrítica después de tiempos prolongados?
Yo soy un antólogo constante de mi propia obra.

¿Reniegas de algunos de tus libros?
Totalmente. Y tengo clarísimo cuáles son. Y tengo clarísimo por qué no funcionan. Y tengo clarísimo cuáles son los errores que cometí. Eso te obliga a exigirte para no repetirlos. Mientras uno esté vivo, creo que puede volver a su obra y mejorarla. Incluso, reescribiéndola. Hay cuentos que nacieron de ideas muy buenas pero que no están logrados en su estructura, y me gustaría reescribirlos. Otros, me gustaría reescribirlos por completo, a fondo. Y otros, eliminarlos. Sueño con una especie de antología menguante. Publicar ahora una antología de 600 páginas, en 10 años más otra con 300 y si cumplo 80 -que no los cumpliré- otra que tenga 120, y tres días antes de mi muerte -a los 95 años- publicar una antología final que tuviera 45 páginas.

Mantienes un espíritu descartable y perfeccionista de tu obra
Seguramente. Y eso se debe a lamentables causas psicológicas (risas). Tengo un poema escrito sobre lo que dices. Habla de una carrera de postas donde un niño le entrega el relevo al adolescente y este se lo entrega al joven que parte a Barcelona para estudiar, luego el joven se lo da al tipo que se va a trabajar a Sevilla y este se lo entrega a otro que publica un libro y, así, suceden muchas cosas en diferentes tiempos. Mi vida es una carrera de relevos con diferentes sedes, todos ellos son el mismo equipo y yo soy el relevista que ahora lleva el palo. Pero ahora, en este momento, no soy ninguno de ellos, por eso puedo mirarlos con toda la frialdad que me permito.

¿Te sientes un extranjero de tu propia obra?
Exactamente. Como en el caso de la carrera de relevos, creo que los personajes no están más lejos porque no han sido lo suficientemente buenos. Creo que soy duro con mi propia obra pero porque estoy fuera de ella. Incluso, la miro con rencor (risas).

También has dicho que no te gusta que te pregunten sobre cómo están hechos tus libros y las motivaciones de los mismos, es decir, que te aburren esas preguntas sobre los tiempos y las personas gramaticales, el relator omnisciente, etc.
A mí me molesta mucho porque, salvo los académicos o los muy estudiosos que han tenido que leer Lolita diez veces y se la saben de memoria, al final nadie se acuerda de cómo está escrita, solo nos queda impresiones generales o uno que otro detalle. Pregúntale a un amigo lector en qué persona está escrita Madame Bovary a ver si se acuerda. La gente se acuerda del momento en que Madame Bovary se sienta al escaparate y se siente vieja; en Ana Karenina recuerda el momento del gran baile o cuando se tira al tren. Pero nadie recuerda en qué persona gramatical está escrita la historia, porque son mecanismos que utiliza el autor para hipnotizar al lector, pero no para que el lector se quede con la estructura. Si un lector se queda tan solo con la estructura habría que preguntarnos qué novela ha habido ahí.

¿Lees así?
Nunca. Soy un lector exento de academicismos. Inevitablemente, porque me dedico a esto, me doy cuenta de cómo está escrito un texto. Digamos que soy un toro que ya ha sido toreado, porque soy torero. Me doy cuenta de cuáles son los truquitos, de qué cosas utiliza un autor para llevarme a donde él quiere y digamos que si alguna vez he leído así, ha sido por encargo. Como cuando el Círculo de Lectores me contrató para prologar las obras completas de Nabokov. Tuve que leerlo de forma distinta. Pero, en realidad, soy un lector como cualquier otro, que solo quiere que le cuenten historias.

Cuesta creerte que siendo escritor no leas así
Supongamos que has escrito cuatro novelas y las tienes en el cajón. Esa experiencia va contigo, lo que hayas aprendido o no escribiéndolas lo trasladarás a tu experiencia de lectura. Es decir, leyendo a cualquiera, si detectas algo sospechoso que luego puede ser una casualidad que resuelva el asunto, tú te darás cuenta, mientras que otra persona que no se dedica a la literatura no lo hará. Pero solo porque tú sabes cómo están hechas estas cosas. Es como el arquitecto que tiene podrido el cerebro de tanta arquitectura, al mirar un edificio no puede dejar de disfrutarlo, pero su manera natural de entrar al edificio es igual que la tuya o la mía.

¿Se te hace muy pesado escribir por encargo?
Depende de mi cuenta corriente (risas).

¿Has empezado a escribir algo por encargo que luego te ha gustado mucho?
Sí. Además, eso es lo que me suele pasar. Creo que todo es misteriosamente interesante. Al inicio, acepto un encargo por dinero o porque no estoy escribiendo nada en ese momento.

Un día antes, Bonilla había presentado Tanta gente sola ante un auditorio variopinto: el comentarista completamente nervioso y con una debilidad por la palabra “fabuloso”, la comentarista que leyó un texto poético con tintes autobiográficos, un fotógrafo que quedó extasiado cuando Bonilla le regaló un texto suyo que escribió y leyó para la ocasión, algunas viejitas que estuvieron a punto de romperse el cuello producto del sueño y el efecto de sus cabezas en caída libre, algún angurriento fan que al final de la presentación se acercó para pedir un libro de regalo, un exeditor de una revista de crónicas que todo el tiempo sonreía cómplice y distraído, un escritor con pasado de psicólogo que a lomo de muletas llegó y aplaudió sin cesar, un hombre que algo desubicado le preguntó al español si ya había visitado las casas de Vargas Llosa y Ribeyro. En fin, la gente que sigue y lee a Bonilla se parece a los personajes de sus cuentos: extraños, enigmáticos, impredecibles, obsesionados, crueles e hilarantes. 


Durante la presentación de tu libro te preguntaron si habías hecho algún tour por los lugares donde vivieron escritores peruanos como Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa y respondiste que no recorres una ciudad como si fuera una guía turística, sino que intentas caminarla sin rumbo fijo. ¿No te interesan los lugares reales que han sido llevados a la literatura?  
Después de decir lo que dije me quedé pensando en la pregunta de aquel señor y llegué a la conclusión de que nunca lo he hecho. Me he paseado por Berlín y nunca he pensado que voy a los cafés donde estaban los expatriados de las novelas de Nabokov. Ahora mismo estamos en el bar donde Vallejo y otros poetas peruanos se han sentado a beber, pero no me hago la idea que estamos en ese sitio por su pasado intelectual. Recorro una ciudad atrapado por la propia ciudad y no por la literatura. Lima me gusta mucho, hay mucho vértigo.

Al recorrer tu obra se revela cierta influencia cinematográfica. ¿Qué tanto de cierto hay en ello?
Tiene una influencia natural en el sentido de que es una de las cosas que más me gusta. Por día, aunque sea, veo una película. Aunque soy un lector enfermizo, es seguro que más son las películas que he visto que los libros leídos. Pero también tengo una capacidad imponente para olvidar las películas, tengo que verlas varias veces para acordarme de todos los detalles que lleva, algo que no sucede con la literatura. Me llama la atención, y me gusta aquello de algunos directores, sobre todo los que tienen mucho dinero, que solo se dedican a rodar y rodar y la película la hacen en la sala de montaje. La literatura también tiene un poco de eso. 

¿Algún director en especial?
Si tuviera que citar a uno de los directores que más me gusta, sería Fritz Lang. Me gustan sus historias y ese tratamiento tan cuidado que hace de las imágenes.

¿Te interesaría incursionar en novela negra?
No. Tampoco soy un buen lector de novela negra. No considero que sea un género menor, como a veces se dice. No existen los géneros mayores o menores. Considero que 1280 almas, de Jim Thompson, es una obra maestra y me da igual a qué género pertenezca. Creo que los cuentos de Philippe Carrese también son obras maestras. No se trata de que el género sea malo o menor, solo que no me llama la atención escribir sobre este.

Algunos dicen que eres del tipo de escritores metaliterarios, mientras que otros te acercan más a lo pop
No me importa pertenecer a ninguno de los dos grupos y tampoco me interesa lo que piensen otros. Cuento historias basadas en la vida cotidiana. Mis personajes son comunes y corrientes, que podría ser cualesquiera de las personas que están en este bar colocados en una situación extraordinaria, extraña o absurda; esto último es algo que me gusta mucho: colocar a gente normal, como yo, en situaciones tirantes.  

Un día antes, durante la presentación de Tanta gente sola,  Bonilla explicó que sus personajes no son extraordinarios, solo eran hombres o mujeres convencionales que padecían alguna situación fuera de lo normal y que esta los llevaba a actuar de manera distinta, una especie de redescubrimiento. Citó el ejemplo de un hombre que padecía de insomnio y que para su mala suerte vivía al lado de una pareja que tenía un bebé que lloraba sin parar durante todas las noches. El castigado insomne decide llevar adelante una venganza completamente sutil contra el bebé: grabará su llanto para que cuando sea un hombre, su propio llanto de menor no lo deje dormir. “Es la  vida real la que te presta los argumentos para escribir una historia”, dijo el escritor.

Varios de tus personajes tienen cuotas marcadas de cinismo y, en los momentos menos esperados, de crueldad, como en el cuento Encuentro en Berlín
De todos mis cuentos, creo que es el que peor me hace sentir por el comportamiento del personaje masculino y por las cosas que dice. Sin embargo, ese es uno de los relatos que más me gusta porque, entre otras cosas, tiene un buen componente dramático y está muy bien resuelto.


Periodismo
Has incursionado en el periodismo a través de la crónica de viaje y también has sido editor de Zut, una revista cultural que mezclaba reportajes, cuento, poesía, cine, etc. ¿Qué opinión tienes del periodismo narrativo actual?
No conozco todo lo que debería conocer como para emitir una opinión, aunque he leído cosas muy buenas. Creo que el único problema es que se está creando un cliché donde cualquiera cree que puede sacar un reportaje o una crónica sobre cualquier sitio, perdiendo la frescura y la potencia que se tenía, por ejemplo, en el primer número de Etiqueta Negra. Ese peligro está y se llama morir de éxito. En España, La Vanguardia le dedicó todo un número de su suplemento cultural al nuevo periodismo latinoamericano, lo que da una idea de su impacto. Pero, me parece que le está pasando lo mismo que le pasó al Nuevo Periodismo Americano.

¿Cuál es el panorama del periodismo narrativo en España?
Muy aburrido. Cada vez se leen menos cosas buenas y se deja a los nombres consagrados a que hagan lo que les dé la gana. En España se ha impuesto la página de opinión y no hay espacio para buenos reportajes. Imposible ver que un periódico le dedique cuatro páginas a un trabajo de este género, pero no hay problema en darles seis páginas a unos cafres que opinan lo que quieren. Creo que el periodismo en España está pasando por una época desastrosa. Hay algunas excepciones, como la revista Interview y algunos textos de los suplementos dominicales, pero lo demás es muy aburrido. Por otro lado, quizá nadie se atreve a sacar una revista mensual de textos extensos y potentes porque es muy cara de costear, porque cada uno de los colaboradores no te va a cobrar menos de tres mil euros y eso a los dueños les parece demasiado. Yo creo que España está muy dormida, a pesar de que este año, por fin, hay un movimiento como el de los Indignados, pero de ahí a que haya repercusión en los medios…, no sé. A España, incluso, la veo un poco deprimida o entregada a un mero sálvese quien pueda.

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