lunes, 19 de noviembre de 2012

PODERastas, corrupción y fragilidad institucional


Por Raúl Ortiz – Mory
Lydia Cacho es una periodista mexicana que se enfrentó a altos mandos de la política de su país al denunciar la existencia de una red de pornografía infantil y abuso sexual de menores integrada por empresarios, gobernadores y jueces. Poner al descubierto el entramado de corrupción que convive con el turismo en las paradisíacas playas de Cancún, le valió una denuncia penal por, supuestamente, haber difamado a un hombre de negocios asociado al protagonista central de su investigación: Jean Succar Kuri, empresario hotelero acusado de haber violado a más de cien niños y niñas. La investigación – que le costó una detención y vejaciones a la periodista – ha sido plasmada en Los demonios del edén (2005), un libro que va camino a convertirse en pieza indispensable en términos periodísticos.

Cacho inicia su texto con una explicación de la razón y de los componentes que llevaron al estado de Quintana Roo – donde se ubica el destino playero – a convertirse en una zona liberada para los abusadores de infantes. La periodista ensaya algunas teorías a partir de una entrevista que le hace a la antropóloga Lorena Careaga. Las conclusiones a las que llega están basadas en un enfoque histórico acerca de la formación social de Quintana Roo y la naturaleza de sus habitantes.  

Dice Cacho:

La descripción del término frontera desde un punto de vista antropológico por parte de Lorena Careaga ilumina mejor el contexto:

“El concepto de ´frontera´ ayuda mucho a entender a las diferentes oleadas de emigrantes que empezaron a llegar a Quintana Roo desde principios del siglo XX. Frontera en inglés, o sea, frontier, equivale al Lejano Oeste. Las regiones de frontera, en este sentido, no necesariamente están en una frontera político-territorial con otro estado o país. El término se refiere a una zona que es tierra de nadie, por lo general salvaje, alejada, despoblada, no sujeta al control político; donde cada quien toma la ley en sus manos y se hace justicia a su modo; donde florece de manera natural toda clase de vicios, incluyendo, en primer lugar, por supuesto, la corrupción, seguida de la violencia indiscriminada, la fuerza, el abuso, el engaño, el fraude, etcétera. La característica principal de una zona de frontera es una población volátil, emigrante, inestable, que no permanece más que el tiempo necesario para hacer dinero rápido, que no crea raíces, a la que no le interesa desarrollar instituciones relacionadas con la vida sedentaria, por ejemplo, instancias educativas o de salud.”

Sobre la debilidad y vulnerabilidad de las instituciones mexicanas la periodista afirma:

La vida institucional nunca tuvo oportunidad de desarrollarse al ritmo de la explosión demográfica, inmobiliaria y turística. La clase política de Chetumal (capital de Quintana Roo), asiento de los poderes estatales, y los caciques de los alrededores saltaron de la sociedad adormilada y tradicional en la que vivían para convertirse en agentes políticos de los intermediarios de fortuna inmediata. Cancún devino en un polo de turismo internacional y destinos de inversiones hoteleras de primer mundo, sostenido con formas de organización política de tercer mundo”.

Además agrega:

“Ante tal vacío institucional, apenas comienzan a construirse las redes de solidaridad social. Como en toda ciudad con altos índices de inmigración, Cancún está poblada por personajes que se reinventan a sí mismos al llegar a vivir en una comunidad habitada por desconocidos; familias pequeñas sin redes sociales de apoyo, cuyos miembros de la familia extensa permanecen en su lugar de origen. Este fenómeno ha generado dinámicas familiares de gran soledad y de poco arraigo emocional a la tierra que les acoge. La ausencia de arraigo y compromiso comunitario sienta sus bases en las motivaciones que llevaron a hombres y mujeres a vivir en Cancún”.

El texto que escribo no está centrado precisamente en la investigación y la posterior publicación de Los demonios del edén. La intención de este artículo pasa por explicar otras aristas que a primera impresión tras leer el libro quedan relegadas por la espectacularidad de los hechos que Succar Kuri y sus compinches realizan. No obstante, el libro de Cacho es un modelo a seguir en cuanto al tratamiento de la información con un cruce de datos cuidadoso y un manejo responsable de los testimonios de las víctimas. La construcción narrativa y la elección de los acontecimientos no caen en la tentación del sensacionalismo que sí presentaron algunos medios mexicanos al momento de estallar la denuncia penal en contra de Succar Kuri. Aunque el post como dije, va por otro lado.

La fragilidad de los estamentos mexicanos que se narra en Los demonios del edén se cimenta en los altos niveles de corrupción y la filtración de organizaciones paralelas a los poderes del estado que ejercen sus propios códigos de justicia y sometimiento, como es el caso del narcotráfico, el tráfico de mujeres y la red de pornografía infantil liderada por pederastas. En algunos casos, el negocio del narco ayuda a impulsar el desarrollo de los otros dos o complementa una cadena tripartita de favores. Si a ello se suma un sistema judicial y un aparato policial cómplices que se hacen de la vista gorda por gracia de sobornos, estamos ante un panorama desalentador y/o desesperanzador.

El encubrimiento que hizo un sector de la justicia mexicana respecto de los delitos de Succar Kuri es inexplicable. Cacho detalla en uno de los capítulos de su libro que poco antes de que se emita la orden de detención del empresario hotelero, éste recibió una llamada de alerta para que se ponga a buen recaudo. El pederasta hizo maletas y huyó a los Estados Unidos, previa escala en el D.F., donde vivió durante casi un año, antes de que sea detenido y, posteriormente, extraditado hacia México. Tiempo después se llegó a saber que un alto funcionario de la Procuraduría de Justicia del Estado - PJE avisó a Succar Kuri de la orden de detención. 

La periodista también da detalles del enfrentamiento entre la PJE y la Procuraduría General de la República - PGR. La primera fue acusada por la segunda de haberle alcanzado testimonios editados de las chicas violadas donde se omitían partes claves que incriminaban al acusado. Es decir, la mayor traba que la justicia federal encontraba a su paso era la propia justicia cancunense. No obstante, en el 2011, la justicia federal sentenció a Succar Kuri a 112 años de prisión por los delitos de pornografía infantil y corrupción de menores.   

Lydia Cacho es una periodista valiente. Denunciar la actividad de una red de pornógrafos y dar la cara teniendo una familia a la que podrían asesinar no es algo que suceda muy a menudo - según su propio testimonio, Succar Kuri habría contratado sicarios para matarla en dos oportunidades -, sobre todo si México está catalogado como uno de los países más peligrosos para ejercer la labor periodística. Actualmente recibe llamadas amenazantes y vive en un estado de alerta constante, situación parecida a la de Roberto Saviano – el periodista italiano que se infiltró en la mafia napolitana y que contó cómo funcionaba la organización criminal en su libro titulado Gomorra –. Los demonios del edén muestra la cara más enferma del ser humano y la más patética de la institucionalidad mexicana. Altamente recomendable.

Si deseas saber más sobre el caso de Lydia Cacho puedes consultar estas páginas:

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