martes, 31 de enero de 2012

La pluma del Oso más marginal



Por Raúl Ortiz - Mory


La prosa de la calle, socarrona y achorada, tiene en ‘El Pintor de Lavoes y otras crónicas’ a su exponente más fino. Luis Miranda, reportero de televisión, publicó este libro que recoge más de 10 años de trabajo de reportería escrita de manera artesanal, sin mucha bulla. No obstante, el ‘Oso’ entrega textos pulidos al máximo que retratan la idiosincrasia del peruano más marginal y más olvidado. Me recibe en su departamento modelo de la nueva Lima: edificio altísimo, pieza pequeña y ambiente acogedor. Llama la atención un cuadro a medio pintar que está colgado en la sala - después me enteraría que es un lienzo que Miranda pinta una y otra vez con la intención de no terminar nunca -. Desde una puerta adyacente un gato que tiene el cuerpo de un color y la cola de otro observa perezoso y engreído. Miranda parece solitario, aunque por el balcón de su casa se ve a mucha gente que juega fútbol y entrena marcialmente. Se atropella al hablar y por ratos parece el entrevistador, quiere saber todo sobre por qué le solicito una entrevista. Con el paso de los minutos pierde la desconfianza y se suelta a sus anchas. Advierte: “no sé como harás para editar, porque yo hablo sin orden”. Y tiene razón. El muchacho que creció entre Breña y el norte del Perú, no reconoce – ni le importa – que ha escrito uno de los mejores libros de crónicas de los últimos años, en la misma línea de ‘Ay que rico’ de Jaime Bedoya y ‘Usted es la culpable’ de Eloy Jáuregui. 



   
 Los textos de ‘El pintor de Lavoes y otras crónicas’ están escritos a lo largo de casi 15 años pero en el contenido se nota la búsqueda de personajes con las mismas características: marginales, excéntricos al borde de la ley ¿Es una constante de tu perfil de entrevistados?


Yo empecé a escribir esas crónicas en un tiempo donde el pesimismo reinaba. Pero dentro de ese pesimismo había una especie de optimismo ácido donde trataba de buscar valores en los antivalores. Por ejemplo, buscar los huecos donde se podía comer bien pero que estaban en medio del caos del centro de Lima cuando había sido invadida por ambulantes. Vivíamos en un país sin futuro, donde los que no nos habíamos ido del país buscábamos algo así como destacar o valorar lo chicha, lo provinciano. Se trataba de mirar a Lima con otros ojos, la capital estaba cambiando y ya no era la ciudad de antaño. Era una combinación de culturas. Como cronista quería descubrir una visión positiva dentro de lo que era un tercer mundo declarado.


¿Quizá la mejor manera que encontraste para contar esos mundos marginales se dio a través de la ironía y el humor negro?
Eso me viene de familia, yo siempre he sido así. Mi familia es del norte y creo que es algo que marcó mi manera de ser y mi forma de escribir.  Yo soy de Lima pero crecí en un mundo de bromas, de dobles sentidos, que solo viví en el norte. En Lima descubrí a Eloy Jáuregui que me encantaba cómo escribía, con un manejo de referentes locales y populares extraordinario, y a la vez le daba a sus textos un tratamiento poético. Eso me encantaba.
¿Crees que esa influencia se refleja en algunos textos tuyos como por ejemplo ‘Cabrito techero’?
Esa crónica fue todo un reto. Durante su elaboración me di cuenta que podía utilizar muchos recursos que interrelacionándolos concluían en un trabajo completo. El doble sentido juega un rol básico. Las frases se relacionaban de una forma que al final le daban una coherencia cachosa al texto.
(El texto citado habla sobre una comunidad cañetana que está a punto de celebrar un festival gastronómico a base de carne de gato y que es repudiada por la asociación ‘Los Amigos de los Animales’ y perseguida por la policía. A continuación un extracto:
Es hora de almuerzo en la localidad de La Quebrada, un caserío sin gracia, uno más de la costa, al sur de Lima. Las tripas maúllan y todo indica que nos quieren dar gato por liebre. Ni cabezas de mininos para la comprobación de ley ni fuentes generosas  con piernezuelas de micho; el festival gatuno huyó por los tejados calientes. Fiesta después de todo, se ve uno que otro parroquiano gateando de borracho.
La gente morena erecta bigotes por la ceñuda presencia de la policía, dizque lista para apretar el gatillo. Horas antes, un vehículo de transporte del Ministerio de Salud había dado su vuelta por el pueblo, perífono en el techo: ¡La ingesta de felino provoca enfermedades mortales! Los cuatro gatos del pueblo, misteriosamente, se había hecho humo).
Algo distinto ocurre con la crónica titulada ‘Con pe de Paterson’, donde el humor negro parece fusionarse con la burla hacia los emigrantes peruanos ¿Pensaste que llegaría a ser polémico?
Esa crónica a mucha gente que vivía en Paterson no le gustó. Sin embargo, otros me decían que el texto reflejaba la verdad de cómo viven los peruanos de esta zona de los Estados Unidos. Si te vas a esa ciudad un 29 de julio observarás que los peruanos celebran como lo hacían acá. Allá celebran con su trago envuelto en bolsa de papel tomándoselo en la esquina y cuidándose de que los policías americanos no los detengan porque está prohibido beber en la vía pública. En esa crónica hablo de aquellos peruanos que no quieren dejar de ser peruanos, de aquellos que a pesar de que viven hace veinte años en Estados Unidos no hablan nada de inglés, hablo del peruano que no quiere ver más allá de sus narices y que es feliz así. En ese tiempo yo vivía en Atlanta, en un suburbio muy bonito donde solo veía un panorama de casas tras casas pero que no me decía nada. Era como vivir dentro de un comercial. Entonces la contraparte era Paterson. El cambio es chocante y sobre eso quería hablar. Sobre el peruano que no deja de ser peruano en ningún lugar, ya sea para bien o para mal.
Da la impresión de que a lo largo de tus textos juegas a juzgar a los demás
Es mi manera de ver las situaciones. Es una mirada muy personal sobre las cosas que me rodean. Estoy de acuerdo con los cronistas que dicen que debemos investigar mucho y encontrar buenos datos para contar una historia pero si no le pones algo de tu propia cosecha, una apreciación muy personal, entonces no tiene sentido escribir.
Pero tus textos son cortos, no te permiten esa investigación acuciosa de la que hablan otros autores, un ejemplo podría ser la situación que vives con LU.CU.MA a bordo de una embarcación en el río Amazonas.  Tan solo cuentas pasajes de un viaje y no haces una revisión exhaustiva de una realidad.
Eso tiene mucho que ver con la manera de cómo quiero que me lean. A veces me da ganas de que el lector lo haga de manera rápida, que se entretenga y que guarde la crónica para que, pasado un tiempo, vuelva a leerla. Una especie de texto entretenimiento pero a la vez reflexivo al que vuelves de tiempo en tiempo. Para mí es muy importante ponerle mucho punche a cada frase, a cada párrafo. Soy muy exigente con las palabras y cómo digo lo que quiero decir.
¿Corriges mucho tus textos?
Sí. A veces es como una enfermedad. Me puedo pasar toda una noche tratando de encontrar la forma adecuada de decir algo. Creo que hasta problemas de salud he tenido por la obsesión de querer realizar buenos textos. Borges decía algo así como que escribir era un oficio de salvajes y que mejor sería que lo juzguen por lo que había leído que por lo que había escrito.
¿Lees más de lo que escribes ahora?
Desde que estoy en la televisión leo menos que cuando estaba en prensa escrita. De chico me ponía metas para alcanzar cierta cantidad de libros al año y ese tipo de cosas. Ahora solo leo lo que me interesa.
¿Qué tipo de textos leías cuando hacías prensa escrita?
Siempre me interesaron autores con las características que ahora se pueden ver en mi libro, periodistas peruanos como Hernán Velarde que fue acusado de escribir de manera exagerada o recargada pero que al tener al quechua como lengua materna hacía que el castellano tuviera otros giros. Eran textos que contenían muchas imágenes. Recuerdo un texto suyo de una entrevista a Chabuca Granda donde decía ‘En el jardín, los árboles jugaban a lanzarse pajaritos’, esta es una frase preciosa, poderosa y hasta poética.
¿Al momento de escribir, eres muy metódico, estructuras muchas veces o dejas que todo fluya para luego editar y corregir?
No sigo una estructura estricta, pero sé que tengo una especie de guión encerrado que debo ir desarrollando de a pocos. A veces se da de acuerdo a cómo veo al personaje. No soy muy esquemático. Por ejemplo, en el caso de la crónica sobre Misterio, el líder de la barra de la U, había leído Santa Evita de Tomas Eloy Martínez y me gustó mucho el culto a la muerte que hacía el argentino. Me encantaron las imágenes que utilizó para narrar un hecho tan importante como este. Esa nota me la pidieron con anticipación y recién la empecé cuando faltaba pocas horas para entrara a la imprenta.  Me gustó mucho trabajar esa crónica. Al margen de este texto, me gusta eso de sentir que el autor se mezcla con el personaje, porque es más económico, así te ahorras los guiones de los diálogos y el mismo narrador se hace las preguntas que son para el personaje.
Es algo más literario
Es que la crónica te permite eso: utilizar técnicas de la literatura. Es así como me siento más cómodo escribiendo.
¿Qué diferencias encuentras cuando haces crónicas para la televisión y cuando las escribes para una publicación impresa?
En la prensa escrita el trabajo es, obviamente, individual, más meticuloso y exigente con uno mismo porque tienes libertad para elegir sin necesidad de que nadie intervenga. En cambio en la televisión, se trata de un trabajo en equipo donde llegan a participar hasta cuatro o cinco personas con diferentes puntos de vista. Al inicio en la televisión me parecía muy difícil hacer los textos porque me dejaba llevar por las imágenes, no tenía confianza en mis textos soportados por imágenes. Buscaba que estas fueran impactantes y que estuvieran unidas por pequeños textos. Luego caí en el vicio de hacer párrafos muy largos, hablaba demasiado. Ahora es distinto.
¿Cómo ves el panorama de la crónica peruana en estos tiempos a partir de publicaciones especializadas en el tema como libros o revistas?
Por ejemplo, en el caso peruano, con Etiqueta Negra tengo dos impresiones. La primera, que es un gran aporte al periodismo de los últimos años con temas distintos y textos bien escritos, pero por otra parte me parece que el trabajo de edición hace que los artículos se vuelvan más uniformes. Parece una tendencia pero a veces da la impresión de que en algunas revistas los editores quieren ser las estrellas.
¿Alguna vez te sentiste influenciado por el Nuevo Periodismo?
Cuando empecé a descubrirlo caí en cuenta que no estaba leyendo nada nuevo, que esa manera de escribir ya existía desde antes, aunque tampoco niego que me llamó la atención la forma cómo se decían las cosas y cómo se enfocaban. Lo que pasa es que los americanos tienen una gran industria que los hacen parecer los primeros en todo pero no es así.  Son muy buenos, pero no son los únicos.
¿Entonces Luis, que es la crónica?
Es lo más parecido al trabajo de un artesano o de un pintor. Son obras únicas que no se pueden producir en serie.  Y, además, es el género más libertino.

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