lunes, 22 de octubre de 2012

Brooks, Connery y el periodismo canalla


Por Raúl Ortiz - Mory
Treinta años después de haber rodado Deadline USA, Richard Brooks vuelve a la carga con otra película de temática periodística: Wrong is right. Sin embargo, en esta nueva entrega no es el idealismo del oficio ni la lucha de la libertad de prensa frente al poder económico lo que el director americano presenta. Su mirada ha cambiado mucho. En tono de sátira ofrece un filme que trata sobre la manipulación de los medios de comunicación y su influencia en la sociedad, además de la relación simbiótica del poder político con la prensa, especialmente la que se genera a partir de la televisión.
No se trata de una de las películas más logradas del realizador. En el año de su estreno, 1982, recibió muchas críticas dejándola en el cajón de las obras menores de Brooks. No obstante, con el paso del tiempo, su esencia se ha fortalecido y hasta podría verse como visionaria si es comparada con la realidad de los medios de comunicación del nuevo milenio. Wrong is right tiene vigencia por su mirada crítica hacia la megalomanía de los políticos. Tampoco parece envejecer porque el retrato del periodismo que propone Brooks sigue siendo hasta ahora – sobre todo en tiempos bélicos – una ventana de la espectacularidad dominada por la rating.

Patrick Hale (Sean Connery) es el periodista estrella de uno de los programas de televisión más vistos de los Estados Unidos. Su trabajo lo lleva a tratar con el presidente de su país, jeques árabes, terroristas extremistas y agentes de la CIA y el FBI. Tras ponerse la careta más canalla del oficio donde más le importa su relación con los altos mandos políticos, se ve envuelto en un escenario ideal para la consolidación definitiva de su carrera: descubre que Nueva York sufrirá un atentado nuclear, en tiempos donde el presidente tienta la reelección. Una gran historia para el periodista que ve servida la mesa de la consagración.

Si bien la historia es entretenida y roba algunas sonrisas, por ratos el guión de Brooks se torna confuso por la sucesión exagerada de personajes que intervienen en la historia, lo que bien pudo  simplificarse. A ello se puede sumar la cantidad de nudos argumentativos que por ratos distrae la atención y centra la misma más en recordar los hechos recientes que en atar los cabos de la historia. 

Wrong is right es rocambolesca – digna característica de la sátira – y Brooks saca partido del género, de forma exuberante sin ruborizarse. Lo mejor del filme es que el tiempo ha revalorizado su fondo, frente a las realidades política y periodística que se vive hoy. Sólo un apasionado puede mirar a la prensa desde su ángulo más idealista y después pasar a mostrarla en su faceta más ruin. Quizá sólo alguien que también fue periodista. Y Brooks lo fue. 

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